El tango de la vida
- escrituraupmijas
- 15 ene
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El tren de pasajeros que unía las poblaciones ateridas por las heladas en la zona sur de la gran llanura no acababa de llegar, muy cerca de nosotras se distinguía el pequeño bosque de hayas por el que tantas veces habíamos caminado las tres juntas, porque esa era la única distracción con la que contábamos en el pueblo. Desde allí pude divisar dos ojos brillando en la incipiente oscuridad de la tarde, «Seguro que es un lobo», pensé, «Ya han llegado los hielos y se acercan al pueblo en busca de comida». No me dio miedo, ellos también forman parte de nuestro paisaje.
Allí estábamos las tres sentadas , en el frío banco de la estación, mientras el cielo empezaba a oscurecerse y el tren no llegaba….
Amanda y Lucía seguían con su animada charla y yo pensando qué hacía allí sentada,
esperando ese tren que nos llevaría a nuestras clases de tango. Recuerdo bien el día que vino Amanda a casa con la absurda idea de empezar con las clases:
—Pero estás loca —le contesté—, ¿cómo se te ocurre que vamos a llegar hasta la ciudad?
—Pues en tren, pasa todos los días a las 4 de la tarde, ¿es que tienes algo mejor que hacer? —me preguntó—. Tendrás que salir de casa, no puedes seguir así. Lucia también vendrá con nosotras y ella está peor que tú.
Pensé en la situación de mi amiga. Hacía dos meses que se había quedado sin trabajo, su marido la había dejado por otra mujer el año pasado, y para colmo de males el propietario de la casa de alquiler donde vivía le comunicó que ya no le iba a renovar el contrato. Sí, definitivamente estaba peor que yo, que casi no tenía derecho a quejarme, simplemente había entrado en mi una tristeza continua, ahora lo llaman depresión, y por más que lo pensaba, no encontraba motivos para aquella pena que me estaba invadiendo. Había perdido el interés por todo, la palabra interés me traía de cabeza últimamente. Amanda siempre le decía a Lucía:
—No has perdido nada, te quería por el interés.
—¿Pero es positivo o negativo? —le preguntaba yo—. Porque si no tienes interés, pasas por la vida sin pena ni gloria, que es lo que me estaba pasando a mi ahora. Si eres un interesado , es negativo ¿no?, y algo que que es interesante es positivo ¿no creéis?
Ya veis como andaba mi cabeza últimamente
—Deja de decir chorradas, Berta —me regaño Amanda—. El tren está llegando y ya verás que en cuanto empieces a bailar se te olvidan todas esas tonterías que se te están ocurriendo.
Ahí estaba siempre Amanda para animarnos y sí, a pesar de mi resistencia a ir a las clases, sabía que ella tenía razón.
Nos subimos al tren y cuando después de andar un rato viendo las luces de los
escaparates, llegamos a nuestra clase de tango, la música empezó a sonar y por una hora las tres nos olvidamos de los problemas y nos dejamos llevar por nuestra parejas de baile que se ve sí tenían interés por nosotras.
Beatriz Domingo




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