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Una cápsula del tiempo

  • escrituraupmijas
  • 15 ene
  • 3 min de lectura

El tren de pasajeros que unía las poblaciones atenidas por las heladas en la zona sur de la gran llanura, no acababa de llegar. El grupo de trabajadores de la estación de Carrantantías no recibieron el tren aquel día. Algo normal, pues las nevadas por esos momentos del año eran las más crueles y el cese de funcionamiento de la red ferroviaria era obligatorio.


Uno de ellos llamó a la otra estación, preguntando si el tren se encontraba aún en su estación. El otro le preguntó con una risa floja si estaba de cachondeo y, ante el silencio del otro, rectificó su pregunta:


¿No os ha llegado?


Los técnicos comprobaron las salidas de trenes, comunicándose por el telefonillo, hasta que dieron con lo que buscaban. En el monitor brillaban unas palabras pixeladas de un naranja intenso que decían que el tren 3112 había salido de Politanas ayer a las 3:22 de la mañana. Correcto. La hora de salida era la que había programada, sólo que con 12 minutos de retraso. El problema era que se había cancelado el trayecto por la helada.


Ante aquella información los técnicos y supervisores de las estaciones se interrogaron los unos a los otros hasta que se llamó a la policía. Los testigos de ambas estaciones aseguraron lo que ya habían dicho, no sabían por qué el tren había salido, ni por qué no había llegado. Sin embargo, al comprobar la base de datos, se dieron cuenta que a la hora de salida del tren 3112 iba asignada una lista de pasajeros que habían pagado y validado sus tickets dentro del tren.


La noticia explotó como la pólvora al encontrarse en la lista el nombre de un famoso bailarín de tango, “Don Judaillas” Estibar. Ya se estaban haciendo búsquedas por tramos a todo lo largo del carril de personas de ambos pueblos que encontraron nombres queridos en la lista del 3112, pero la fama de “Don Judaillas” llamó la atención de muchas más personas y se comenzaron a hacer operaciones más intensas, recorriendo la vía todo lo que les dejase el clima.


No avanzaban mucho, o al menos, eso parecía. Ambos pueblos mandaban equipos de búsqueda a la misma hora del día con la idea de que se encuentren en mitad del camino, sin embargo, siempre debían volver por la resistencia que les ofrecían las tormentas de nieve y tenían la sensación de que nunca recorrerían todo el largo de la vía.


Un día, uno de los grupos fue sorprendido por una jauría de lobos. Llevaban restos de lo que creyeron que eran las ovejas de las granjas de Carrantantías. Tras espantar con un escopetazo a uno de ellos, pudieron ver que estaba royendo un hueso alargado, que tras el análisis forense se descubrió que era humano.


Ese invierno no se consiguió nada más y los rumores de que el tren había quedado hundido bajo la nieve a merced de la naturaleza se comenzaron a sentir verdaderos, para desgracia de los afectados. Las búsquedas se volvieron mensuales. A mediados de abril se hizo un descubrimiento alentador. Los dos grupos de búsqueda llegaron a encontrarse en mitad de la vía, tardando el mismo tiempo que en otras búsquedas. Pero, esta vez vieron qué les impedía avanzar.


Ambos grupos estaban separados por una vorágine de nubes que alternaban el gris con el blanco y el azul y ascendían en forma cilíndrica hasta el cielo, con el estruendo del viento, la nieve y los truenos.


Estaban seguros de que el tren 3112 se encontraba atrapado allí dentro. Lo sigue estando hoy en día.




José Francisco Cuevas Retamero

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