La carta
- escrituraupmijas
- 15 ene
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El tren de pasajeros que unía las poblaciones ateridas por las heladas en la zona sur de la gran llanura, no acababa de llegar a la ciudad cuando se paró en seco, el maquinista intentó llamar a la central, pero fue imposible la comunicación. La noche se echaba encima y los pasajeros se inquietaban, por suerte la calefacción funcionaba pero
—¿Hasta cuándo?— preguntaba el jefe de tren al maquinista.
—Señor, al menos esta noche.
La gran máquina se encontraba parada en mitad de la nada, a lo lejos se podían escuchar el aullar de los lobos, las ventanas empañadas por el vaho no dejaban ver los copos cayendo del cielo encapotado, iba a ser una noche muy larga.
El maquinista y sus ayudantes intentaban averiguar el problema que había ocasionado aquel tremendo parón, pero de momento ¡nada!
Por suerte, el tren no estaba lleno de pasajeros a causa de las heladas, de este modo el jefe de tren reunió a todos los pasajeros en el vagón restaurante, con el fin de vigilar a todos de cerca, y ahorrar combustible a la vez.
—Pero…¿Cuándo vamos a proseguir?— preguntaban una señora —. Mi hijo me espera en la estación…
—Señora, estamos en ello, el equipo del maquinista esta averiguando el problema, seguro que en breve nos pondremos en marcha…—le decía el revisor, aunque el mismo no se creyera sus palabras.
Entre protestas e insultos una melodía celestial se escuchó al fondo del vagón, era un bandoneón, sonando a ritmo de un tango que hizo callar a todos los presentes y el hombre se puso de pie, andando sin dejar de tocar dijo: señores y señoras es tontería de discutir disfrutemos de la música ya que no nos queda otra. Todos murmullaron y por un momento hubo tranquilidad en el vagón.
En el silencio con la música de fondo, una ráfaga de aire frio entró por la puerta, todos volvieron la cara y ante la sorpresa de los presentes… cuatros hombres entraron pistolas en manos.
—¡Todos quietos! Si obedecéis nadie saldrá herido— dijo el que parecía el jefe de la banda.
Pero uno de los pasajeros se levantó y cuando empezó hablar… un sonido agudo se escuchó y el pasajero cayó redondo al suelo.
—¿Alguien más quiere estar en la resistencia?— empezó de nuevo a hablar el cabecilla—. Hemos venido a por una persona, una vez que la encontremos os dejaremos en paz, y el tren podrá emprender el camino.
—Aquí estoy, me iré con ustedes, no quiero más sangre.
—Duquesa… vámonos. —Y los cuatros hombres sigilosamente salieron del tren junto a la duquesa, pero la duquesa había tirado un sobre detrás de ella.
El jefe del tren lo cogió con la esperanza de aclarar lo sucedido, pero antes de leerlo fue a ver al maquinista y sus ayudantes, encontrándoselo atados, pero al menos estaban vivos. Con la carta en mano el tren reanudó la marcha.
...Continuará…
Margarita Banderas.




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